Biblioteca Abierta

Actualizado: 2 de sep de 2019


Los arquitectos venezolanos definimos con orgullo la síntesis de las artes como aquella dinámica en la que se fusionan distintas manifestaciones de las artes visuales, incluyendo en ellas a nuestra disciplina. Algo que, en el caso de la Ciudad Universitaria de Caracas, muchos de los creadores y curadores dentro del arte hoy califican como integración.

La “integración” es una denominación totalmente discutible desde la arquitectura en obras como Las Nubes de Calder, objetos plásticos y piezas acústicas que alcanzan una unidad indisoluble en el espacio interior del Aula Magna. La “síntesis” es una premisa también debatible desde el arte en la Plaza Cubierta u otros edificios de este campus universitario en los que las obras plásticas son un contenido paralelo o posterior. Incluso cuando muchas obras fueron proyectadas sobre sitios específicos -aun siendo espacios pensados desde la arquitectura para contenerlas- en el proceso cada autor está actuando desde su disciplina. Las obras en este recinto universitario están planteadas dentro de los límites de su técnica, medio y formato, encontrando únicamente el espacio como ámbito común para su integración.

Más allá de que La síntesis de las artes haya sido o no, una idea consumada por Carlos Raúl Villanueva dentro de este modelo de ciudad; en definitiva, describe la búsqueda de un gran hacedor en sintonía con las transformaciones del momento. Un nuevo tiempo donde los desplazamientos creativos eran situaciones tan deseadas como inevitables. Este arquitecto sitúa su producción en medio de la herencia clásica de la escuela de Bellas Artes y entre una incipiente revolución moderna. Sus últimos proyectos se elaboran en plena metamorfosis de la modernidad, era la mitad del siglo XX y el arte estaba por cambiar. En tal sentido ¿Cuáles son estas transformaciones¿ pero sobre todo ¿Cómo entender la síntesis de las artesmedio siglo después?

El arte moderno irrumpe el siglo XX con el auge de las vanguardias abstractas, movimientos que tuvieron una influencia significativa en la arquitectura poco tiempo después. Paralelo a este proceso -dentro del hacer expresionista- se van desarrollando corrientes como el fauvismo, el dadaísmo y el surrealismo. Allí la fantasía, el lenguaje y la crítica se vuelven el motor de una búsqueda que progresivamente iba convirtiéndose en el “anti-arte” de lo que hasta ahora las formas conocían. Con el tiempo se fue vaciando la estética y abriendo espacio a la trasgresión. Elreadymade es la manifestación que resume todas estas exploraciones, es la gran provocación que redirecciona el sentido del arte hacia el espacio de las ideas. Su detonación es tan fuerte que deja atónito a un mundo del arte que se gestaba en consecuencia a esta vertiginosa revolución artística. Sus influencias más importantes se sienten varias décadas después. Sobre la base de estas ideas aparecen nuevos movimientos. El minimalismo, el land art, el arte povera y el arte conceptual son algunas de las manifestaciones iniciales que empiezan a desbordar las exploraciones de una producción artística cada vez más abierta a nuevas formas de expresión. Así se constituyen las segundas vanguardias del siglo XX.

En este espacio de tiempo la obra de arte se abre camino a su desmaterialización. La solidez de las vanguardias abstractas se desvanece cuando el objeto artístico pierde su autonomía, pureza y visualidad. Las relaciones se basan en la dependencia, complejidad y conceptualización de los elementos que la componen. Aparecen nuevas posibilidades gracias a un pluralismo profundo de manifestaciones que hacen de las ideas, el contexto y la diversidad de medios de construcción, sus formas de proyecto.

El arte se acerca a la sociedad en un modo distinto, trata de restablecer las relaciones con la vida más allá de su representación. Existe una relación de intercambio entre la obra y las personas a partir de una mutua transformación. El proyecto artístico adquiriere un compromiso social en función a su capacidad de contribuir a mejorar las condiciones de vida, busca insertarse en el entorno colectivo generando nuevos modos de participación y confrontación. El contenido social de lo público ha extendido la participación del arte a espacios cada vez más complejos que integran lo económico y lo político como parte de estas exploraciones.

El arte empieza a vaciarse in situ y las relaciones particulares con un espacio determinado se vuelven su campo de acción. La obra nace del lugar a partir de vínculos tan estrechos que imposibilitan cualquier desplazamiento fuera del ámbito que le da origen. Es en la especificidad de la intervención donde cada obra encuentra todo su sentido. El objeto moldea su estructura a partir de relaciones contextuales con ámbitos que sobrepasan lo físico, espacios en los cuales el proyecto queda fundido.

La obra franquea los límites de su autonomía formal así como sale del interior de la disciplina, de sus medios de construcción específicos e incluso de la singularidad de la autoría. Ya no existen fronteras entre las distintas artes, ni tampoco entre ellas y el resto de las formas creativas. Las producciones artísticas se vuelven proyectos complejos que necesitan de conocimientos compartidos en los que convergen la ciencia y la cultura. Se desarrollan formas híbridas de autoría que se extienden más allá de la competencia de varios especialistas para empezar a involucrar al ciudadano común. Las obras se abren a nuevas formas de participación donde el espectador es protagonista, su intervención puede hacer de él parte de los creadores o parte del resultado.

La hibridación de los procesos creativos del arte es consecuente con el mestizaje de sus formas de representación. La construcción física de la obra se produce a partir de cualquier material, medio y procedimiento. El dominio de la técnica se sustituye por la exploración de sus posibilidades, una vez que se agotan las modos de construcción se inicia un recíclale de formas, objetos y materiales. Nada es enteramente nuevo, aun cuando el proyecto se mueve por la ansiedad de innovación. El arte se apropia del lugar y de los usuarios, de la realidad y las disciplinas, haciendo de cualquiera de sus componentes su materia prima.

Los mismos espacios de los que el arte se apropia son las variables que ahora lo definen. A partir de esta relación bidireccional los objetos empiezan a transformarse en soporte, no son otra cosa que plataformas como sistemas abiertos de producción creativa. La indeterminación de las obras es la de los líquidos en disolución. Un proceso que ocurre en su forma tangible y desde sus formas de proyecto. La categorización del arte que por mucho tiempo se podía establecer a partir de espacios claramente diferenciados, ahora se vuelve una tarea tan difícil como innecesaria. La síntesis de las artes es una aspiración moderna que en las segundas vanguardias el arte alcanza con mayor intensidad, en algunos casos sobrepasando sus expectativas de integración en la propia fundición de sus componentes. Cuando se dejan de distinguir los límites entre obra, lugar, creador, espectador, inicio y final de la producción artística, se empiezan a confundir el espacio de sus operaciones, especialmente en aquellas en las que convergen el arte y la arquitectura.

La arquitectura no espera integrar el arte proyectando espacios en que los artistas van a intervenir a posterior. Los artistas tampoco esperan por estos espacios para crear en arquitectura. Los edificios, cada vez más, adquieren una plasticidad que es propia del arte, mientras éste a su vez adopta una condición espacial que pertenece más a la arquitectura. El arte convierte a los espectadores en usuarios y la arquitectura puede hacer de sus edificios intervenciones. Ambas manifestaciones coinciden en la construcción conceptual, contextual y procesual de formas siempre en transformación. Sus relaciones más intensas no se entienden en los ámbitos en que se desplazan, sino en las actitudes en las que se encuentran.

Biblioteca Abierta es una obra realizada en la Plaza Cubierta de la Ciudad Universitaria de Caracas que practica estas ideas, rasgos característicos de un contexto social y político distinto. Es un trabajo efímero, erigido por profesores y estudiantes en el marco de un paro nacional de Universidades. Nace tras la búsqueda de otras formas de manifestación, menos bélicas, más en sintonía con el espíritu académico. Sobre el suelo se disponen más de mil libros para llevar, objetos que las personas van recogiendo, caminando entre ellos, revisando caratulas, sentándose a leer y devolviendo al suelo. Es una obra interactiva que hace de los procesos participativos su sustancia constitutiva: una instalación en proceso, imprecisa, en constante transformación.

Este trabajo tampoco se trata de la síntesis de las artes, aunque si está influenciado por esta idea. Es una intervención de arte sobre la arquitectura de un lugar espléndido, entiende a la Plaza Cubierta pero no la construye. En ella se conjugan arte y arquitectura en una condición performativa, situación donde espacio, política y sociedad convergen en un intercambio profundo. Es también una obra abierta, una estrategia replicable que invita a la participación y a las dinámicas extramuros. Más allá de su cometido inicial, así como de las diferentes contextualizaciones que puede llegar a tener con nuevos significados, es una obra marcada por el recinto universitario que le dio origen. La Ciudad Universitaria de Caracas sigue estimulando el hacer creativo, alimenta generaciones de arquitectos que heredan la síntesis de las artes como premisa, y ahora desde otros tiempos, quieren seguir ensayando con ella.

Miguel Braceli


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