Félix Suazo: “Miguel Braceli. Tierra de nadie”

Actualizado: 2 de sep de 2019


¨ Construir el mar¨. Ciudad Universitaria de Caracas. 2015

¿Arquitectura efímera? ¿Performance? ¿Intervención urbana? ¿Arte público? ¿Arte ecológico? Estas son preguntas que surgen al aproximarnos al trabajo desarrollado por Miguel Braceli (Valencia, 1983). De hecho, las interrogantes se multiplican una vez que estas proposiciones quedan registradas en fotografías y videos: ¿foto documentos?, ¿video acciones? El hecho de que estamos ante proposiciones de difícil catalogación o, por lo menos, enmarcadas en taxonomías móviles, ambiguas, ya es suficiente para intuir, o advertir, que en este caso estamos ante la combinación razonada de diversos expedientes artísticos y discursivos.

Braceli se formó como arquitecto en la Universidad Central de Venezuela, precisamente en el alma mater donde Carlos Raúl Villanueva introdujo el concepto de síntesis de las artes en 1954. Ya entonces se advertía la relación de tensión entre el arte y la arquitectura, siendo esta la matriz y el soporte jerárquico de los planteamientos pictóricos y escultóricos. En ese contexto, el papel del arte según Villanueva es (o era): “corroborar, acentuar y destacar (...) o, en proceso inverso, dispersar, transformar los volúmenes reales en relaciones puramente espaciales”.[1]

Sin embargo, la relación entre arte y entorno sufrió desplazamientos significativos en los años sucesivos derivados, fundamentalmente, de la pérdida de la función rectora de la arquitectura respecto a las demás disciplinas. En los años setenta, en pleno apogeo de las intervenciones artísticas en el espacio natural y urbano, Rosalind Krauss definió las nuevas proposiciones como aquello que está en la arquitectura y en el paisaje pero que no es ni arquitectura ni paisaje.[2] Era, según la autora, la condición negativa de la idea del monumento. Desprovistas de permanencia y sin intención conmemorativa, dichas tentativas desafiaban el modelo disciplinario y planteaban una revisión de los estatutos del arte.

El trabajo de Braceli se ubica en esa "tierra de nadie", en medio de una taxonomía confusa, pero claramente orientada a la generación de situaciones marcadas por la colaboración y el diálogo con espacios y personas que buscan una afinidad con su entorno. Son proposiciones nómadas, concebidas para activar el reencuentro sensible con emplazamientos ya conocidos o para descubrir relaciones inéditas con los mismos.

Lo corporal, lo efímero y lo documental son nociones plenamente concatenadas con las estructuras espacio-temporales generadas por Braceli utilizando materiales muy básicos (plástico, mangueras, guayas, libros, papel, hilo, metal, entre otros). Los escenarios son vastos, tanto en lo relativo al ámbito urbano (calles, plazas) como en lo concerniente al entorno natural (bosques, llanuras, playas). Se trata de situaciones o acontecimientos localizados que crean lugar sin erosionar el ambiente de manera irreversible, para luego disolverse en la memoria de los participantes o perpetuarse en las imágenes. Son propuestas que propician nuevos usos del espacio común como sitio de encuentro y reorientan el sentido de los desplazamientos.

“Mi trabajo –escribe Braceli– consiste en intervenciones efímeras realizadas desde la participación colectiva para construir imágenes sensibles al paisaje en el que se insertan, transformándolo y absorbiendo sus transformaciones”.[3] Sus premisas no son fijas, pero siempre apuntan a la modificación del espacio sin ninguna presunción funcional o utilitaria, excepto la del uso temporal previsto por el autor. Es decir, no son estructuras para habitar sino para relacionarse e imaginar formas distintas de convivencia. No hay cimientos, ni techos ni paredes. Son configuraciones básicas (líneas, formas, retículas) que derivan hacia estructuras literalmente u-tópicas, que pueden instalarse en lugares imprevistos. Más importante aún es que se trata de dispositivos que se “activan” corporalmente, concebidos para la participación de muchas personas que comparten simultáneamente la condición de ejecutantes y espectadores.

¨COREOTOPÍAS¨. Libro de artista. 250 Ediciones. 2017

Sin embargo, una cosa es lo que sucede in situ, durante la experiencia, y otra lo que acontece cuando los registros fotográficos y audiovisuales se presentan en una sala de exposiciones. En este último caso es difícil discernir si son documentos o si son “obras”. Siendo flexibles, podría decirse que se trata de ambas cosas, es decir, de “obras documentales”, lo cual –por cierto– no es suficiente. Sobre todo porque la imagen, ya sea fija o en movimiento, introduce elementos (efectos) no visibles en la experiencia in situ, que son producto del encuadre o de la velocidad del registro. Toca al espectador distinguir las sutilezas de esta operación que, como en las prácticas de intervención y acción de los años setenta con las cuales el autor se siente identificado, vienen a añadir una capa de contenido más a la reflexión sobre los medios y contextos del arte.

Traslaciones. Ciudad Universitaria de Caracas. 2014

Volviendo al propósito general de la propuesta de Braceli, hay que destacar la intención de generar situaciones en las que los participantes puedan hacer cosas juntos, un precepto que aplica tanto para los miembros de su equipo de trabajo, como para quienes se incorporan circunstancialmente a la experiencia in situ.

Aunque de carácter experimental, los eventos concebidos por Braceli son planificados con meticulosidad, adaptándose a los patrones de nomadismo e incertidumbre que son característicos en la “sociedad líquida” de la cual hablaba Zygmunt Bauman. De allí la condición móvil y temporal de esas estructuras carentes de cimientos, desarrolladas con materiales industriales originalmente destinados a otros usos. Son arquitecturas nómadas, sin pretensión de permanencia que, no obstante, buscan su arraigo en la memoria de los lugares. En definitiva, se trata de las personas y de su relación sensible con el entorno. El problema entonces es combatir la agorafobia con topofilia.[4] Dicha idea supone una relación personal con el espacio, tanto urbano como natural. Redescubrir el significado de un trazado preexistente es uno de los sentidos de esa estrategia.

Podríamos decir que los dispositivos físicos y accionales que introduce Braceli en el ambiente encajan en esa dinámica de oscilación vectorial y expansión negativa que se aleja de los límites disciplinares, impidiendo una categorización precisa en cuanto tentativas de exploración topográfica. Sus trabajos “están” en el paisaje pero no niegan su condición de artificio temporal, de añadidura sígnica que abre otras posibilidades discursivas a lo ya existente, socavando las convenciones que lo definen comúnmente.

En la frontera indefinida de varias disciplinas, pero siempre gravitando sobre lugares específicos, la propuesta de Braceli se desarrolla en el intersticio de lo moderno y lo contemporáneo. Del primero, recupera la vocación espacial y la pulcritud estructural. Del segundo, asume la transmedialidad y la dinámica discursiva que se arraiga en la relación cuerpo-territorio. A veces, lo que define estas prácticas es aquello de lo que carecen y el ángulo desde el cual se las escruta. Si se las mira desde la arquitectura no tienen función ni permanencia. Si se las enfoca desde la fotografía o el video no son registros neutros de lo acaecido sino recreaciones especulares de una situación. Si, en fin, se las afronta desde la performance el énfasis no recae únicamente sobre los cuerpos, que en realidad son los pilares de una arquitectura activa, volátil, o los modelos anónimos de un retrato de grupo. Todo cuanto puede decirse es que estamos ante configuraciones espacio-temporales que se levantan y desplazan en una “tierra de nadie”.

[1] Villanueva, Carlos Raúl. Síntesis de las artes mayores. Caracas, 1954.

[2] Cfr. Krauss, Rosalind. “La escultura en el campo expandido”. Revista October 8, primavera, 1979. Reproducido en: La postmodernidad (edición a cargo de Hal Foster). Editorial Kairos, 7ma. Edición, Barcelona, 2008, pp. 65-66.

[3] Braceli, Miguel. Declaración. http://www.miguelbraceli.com/#!textos/c1amf. Consulta en línea, 15 de junio de 2016.

[4] Yi-Fu Tuan. Topofilia Un estudio de las percepciones, actitudes y valores sobre el entorno (1974). Editorial Melusina, SL, 2007.

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